De Arica a Lima: Antonia Valdenegro, la arquitecta que encontró en los obstáculos su mejor herramienta
Estudiante de Arquitectura en la PUCV comenzó en el atletismo a los 22 años. Hoy se prepara para representar a Chile en los Juegos Panamericanos Universitarios Lima 2026 organizados por FISU en los 3.000 metros con obstáculos.
Por: Sofía Venegas Figueroa
“Nunca me la creí. Recién hace menos de un año empecé a aceptar que soy buena”. Así lo reconoce Antonia Alexandra Valdenegro Acuña, estudiante de Arquitectura en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, quien con 23 años acaba de clasificar a los FISU Panamericanos de Lima 2026 en la prueba de 3.000 metros con obstáculos.
“Fue todo muy rápido. Todavía estoy procesándolo”, comenta sobre un logro que la llevará a vestir la camiseta de la PUCV en agosto próximo. A diferencia de otros deportistas universitarios que se formaron desde edades tempranas, con participación en torneos escolares o binacionales, Valdenegro comenzó más tarde. Su primera experiencia en una competencia formal en pista fue reciente, lo que no ha impedido una progresión sostenida en sus marcas y rendimiento.
Antonia llegó a la PUCV desde Arica tras un receso marcado por la revuelta social y la pandemia. Su decisión de estudiar Arquitectura respondió a un interés claro por el enfoque formativo de la universidad. “Comparado con otras casas de estudio, que son más de estructuras y matemáticas muy duras, acá hay una mirada distinta”, explica.
Durante su infancia y adolescencia practicó fútbol, balonmano y cheerleading, principalmente en contextos de equipo. El atletismo apareció en primero medio, pero desde una lógica recreativa. “El club que tenía era muy familiar. Entrenábamos y después nos íbamos a tomar té a la casa del entrenador. Había muchos niños, era todo muy cercano”, recuerda.
En ese entonces, nada anticipaba que años más tarde esa práctica se transformaría en su principal foco deportivo.

VOLVER A CORRER
Ya instalada en Viña del Mar, mientras cursaba sus estudios universitarios, enfrentó un periodo personal complejo que impactó directamente en su relación con el deporte. “Quería salir a correr y no podía. Era mucho de prueba y error”, relata. “Me ponía la ropa, salía, pero no podía correr. Caminaba, caminaba, y no podía”.
Esa dificultad se repitió en varias ocasiones, hasta que, sin mayores expectativas, logró retomar el trote. “Solo sé que me costó mucho”, reconoce. Ese momento marcó un punto de inflexión en su proceso.
A partir de entonces, comenzó una etapa de aprendizaje autodidacta. Se interiorizó en conceptos de entrenamiento, como trabajo regenerativo, fortalecimiento e intensidad, y durante un periodo asumió su propia planificación. “Empecé a guiarme sola”, dice, evidenciando un proceso construido desde la constancia.
Su primera carrera relevante fue la Maratón de Concón 2023. Corrió los 10 kilómetros y, sin mayores expectativas, registró un tiempo que la sorprendió tanto a ella como a su entorno. Fue la primera señal concreta de su potencial.
El punto de inflexión competitivo llegaría poco después, cuando conoció a Brian Codoceo ,en ese entonces seleccionado de Atletismo PUCV. Coincidieron en una clase de teatro, comenzaron a seguirse en redes sociales y, al poco tiempo, salieron a correr juntos. “Yo me quería creer bacán y partí más rápido de lo que podía. Terminé súper cansada”, recuerda entre risas.
Tiempo después, Antonia volvió a competir en los 10 kilómetros, esta vez en la Maratón de Viña del Mar, donde marcó 43 minutos y 55 segundos. Al comentarle su tiempo a Brian, la reacción fue inmediata : “¿Me estás leseando?”. No le creyó hasta ver los registros.
Desde entonces, iniciaron un trabajo conjunto que se mantiene hasta hoy. Codoceo es su entrenador, pero también una figura cercana en su proceso. “Él hasta el día de hoy es mi entrenador. Somos amigos”, señala. Juntos han proyectado una progresión sostenida en su rendimiento.
Su ingreso al equipo representativo de la PUCV tampoco siguió un camino convencional. No fue a través de una beca ni de un proceso formal de selección. “La universidad estaba buscando personas para correr un Cross country. Brian dijo ‘tengo una amiga que corre’. Me llamaron, corrí y me quedé”, cuenta.
Ya integrada al equipo, el entrenador Leonardo Fernández la orientó hacia una prueba que hasta ese momento no era su especialidad: los 3.000 metros con obstáculos. “Hasta el día de hoy es mi prueba favorita”, afirma. Es, además, la disciplina en la que logró su clasificación internacional.

FENAUDE 2025
Uno de los hitos más significativos de su carrera ocurrió en un campeonato FENAUDE, precisamente en los 3.000 metros con obstáculos. En esa instancia, enfrentaba nuevamente a una rival que históricamente la superaba, lo que había instalado en ella una expectativa de resultado adverso.
Previo a la competencia, decidió modificar su preparación mental. Se aisló del entorno, buscó un momento de concentración personal. “Oré, la verdad. Me ayudó harto”, comenta, relevando una dimensión que, según explica, forma parte de su proceso deportivo.
En carrera, avanzó desde posiciones rezagadas hasta situarse junto a su principal competidora. Sin embargo, en el tramo final volvió a aparecer la duda. “Pensé que me iba a pasar”, reconoce. Finalmente, cruzó en segundo lugar.
Minutos después, la organización descalificó a la ganadora por una infracción reglamentaria, lo que le otorgó el primer puesto. “Me sentí culpable, porque pensé en todo el esfuerzo que hay detrás de cada deportista”, relata. Tras conversar con su entrenador, logró resignificar el resultado: “No es que te hayan regalado el triunfo, tú hiciste una buena carrera”.
La sorpresa mayor vendría con la marca. En una prueba que, por sus 35 obstáculos, suele registrar tiempos más altos que el 3.000 plano, Antonia logró su mejor registro personal, incluso por sobre su marca en pista sin vallas. “Lo abracé y me puse a llorar. Estaba muy feliz”, recuerda.
APRENDER A CREÉRSELA
Pese a sus resultados, una de las características que más se repite en su relato es la dificultad para reconocerse. “Me cuesta mucho aceptar los halagos”, admite. “Una vez me dijeron ‘tú eres la niña del obstáculo’ y me dio nervios”.
Su entorno también ha sido testigo de ese cambio. En un inicio, su rutina deportiva pasaba desapercibida en su familia. “Era como ‘ya, la Antonia sale a correr’, algo normal”, comenta. Sin embargo, con la llegada de resultados más consistentes, esa percepción comenzó a cambiar.
En ese proceso, su entrenador ha cumplido un rol clave. Más allá de lo técnico, ha reforzado su confianza. “Él me dice: ‘por algo quieren hablar contigo, por algo quieren entrevistarte’”, cuenta.
Hoy, aunque aún le incomoda la exposición, comienza a asumir que su historia tiene un valor que trasciende lo personal. Y, poco a poco, se permite creerlo.
Con los FISU Panamericanos de Lima 2026 en el horizonte, Antonia ha asumido una preparación integral, donde el trabajo físico, mental y emocional se articulan como parte de un mismo proceso.
Parte de este aprendizaje se consolidó recientemente en el campeonato nacional adulto, donde no obtuvo el resultado esperado. Lejos de interpretarlo como un retroceso, lo incorporó como experiencia. “Perdí esa carrera, pero gané aprendizaje. Ya sé cómo reaccionar frente a correr en grupo, con rivales que te tapan la visual”, comenta, proyectando ese escenario como uno de los desafíos que enfrentará en Lima.
“MI MAMÁ VA A VIAJAR A VERME”
La clasificación a un evento internacional no solo ha impactado su trayectoria deportiva, sino también a su entorno cercano. Su madre, quien reside en Santiago, ha acompañado de cerca este proceso.
“Cuando le dije que iba a ir a Lima, se emocionó tanto que compró un pasaje”, cuenta Antonia.
El gesto, explica, refleja una red de apoyo que ha sido clave en su desarrollo. “Me decía que incluso le gustaría poder pagarle el viaje a mi entrenador”, agrega, reconociendo la importancia que él tiene en su preparación.
Esa cercanía, sostiene, ha sido fundamental para sostener su proceso, especialmente en momentos de mayor exigencia. Un acompañamiento que, de cara a Lima, se proyecta como uno de los pilares de su rendimiento.
“Cuando estaba nerviosa por si iba a ir o no a Lima, fui a mi iglesia”, relata. “Presenté el problema y me dijeron que lo encomendara a Dios. Oré y le decía: ‘Señor, ayúdame, te entrego esto, haz tu voluntad’”.
Cuando recibió la confirmación de su clasificación, interpretó el resultado desde esa misma convicción. “Fue su voluntad”, afirma.
UN MENSAJE PARA QUIENES DUDAN: “ATREVETE”
Al proyectar su experiencia hacia otros, Antonia no duda en entregar un mensaje directo a quienes sienten interés por el deporte, pero no se atreven a dar el paso.
“El mayor consejo es atreverse. Cuando sientes esa primera chispa, ya no puedes parar. Yo tenía la idea de correr, pero no hacía la acción. No me atrevía. Cuando me atreví, las cosas cambiaron”, señala.
En la misma línea, enfatiza el impacto que ha tenido esta decisión en su vida personal. “Pierde el miedo, sal de tu zona de confort. Empieza por ti mismo, y después ves cómo mejora tu calidad de vida. El deporte te cambia la vida”, agrega.
La temporada 2026 marca el término de su etapa como deportista universitaria. Un proceso que, según explica, adquiere un sentido especial al coincidir con su primera experiencia internacional.
“Es mi último año. También es el último año de varios compañeros. Cerrar con este broche de oro, yendo a Lima con ellos, es algo soñado”, comenta.
Los FISU Panamericanos se disputarán en agosto en Lima, Perú, instancia en la que competirá en los 3.000 metros con obstáculos. Además de la competencia, valora la experiencia colectiva que implica el evento. “Vamos a poder compartir, ver a otros deportistas y apoyar a nuestros compañeros. Eso es lo bonito del equipo”, destaca.
Aunque reconoce que los nervios estarán presentes, también identifica los apoyos que la acompañarán en este proceso: su familia, su entrenador, a la distancia, y sus compañeros de equipo.
“Me costó aceptarlo, pero aquí estoy, representando a Chile y a mi universidad. No me lo esperaba, pero lo estoy asimilando de a poco”, concluye.
