Abriendo caminos hacia la educación superior: el impacto de PACE PUCV

Por Vanessa Lopez

Desde el año 2015, el Programa de Acceso a la Educación Superior (PACE) está presente en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), acompañando a 21 establecimientos educacionales de la región a través del componente de Preparación en Enseñanza Media.

Una labor que se extiende desde San Antonio a Olmué, en un trabajo articulado que en 2026 acompaña a más de 2.800 estudiantes de educación media de la región, quienes pueden acceder a talleres de reforzamiento de habilidades, asesorías personalizadas, orientación vocacional, entre otros aspectos clave para la construcción de sus proyectos postsecundarios. 

En los últimos tres años, un total de 792 estudiantes de las comunidades PACE PUCV han sido habilitados con la asignación del cupo PACE, el cual les da la posibilidad de acceder de manera directa a una de las 29 universidades adscritas al programa. Una cifra que refleja el aporte del programa a las trayectorias educativas de cientos de jóvenes del país. 

Un impacto destacado por las comunidades escolares, tal como el Colegio Pedro Montt de Valparaíso, donde su director, Cristian Oliva, reconoce cómo PACE ha contribuido en las expectativas de sus estudiantes, produciendo transformaciones en sus aspiraciones que trascienden al estudiante y alcanzan a sus familias y comunidades.

“Muchas veces, esos estudiantes son de la primera generación de su familia que va a entrar a estudiar en la universidad, y eso tiene un impacto en la misma forma de ver la vida”, plantea.

Acompañamiento que transforma trayectorias 

Según reportes del equipo del programa ministerial, el índice de vulnerabilidad de los establecimientos PACE PUCV promedian un 89,68%, escenario donde el tránsito hacia la educación superior puede estar marcado por diversos desafíos, y donde el acompañamiento adquiere un papel relevante para fortalecer la continuidad de estudios. 

Roberto Véliz, Jefe de la Unidad Técnico Pedagógica del Liceo de Olmué, enfatiza al respecto que el trabajo en conjunto desde el programa junto al equipo docente permite generar espacios de coordinación que aportan nuevas herramientas que son cruciales para ese fortalecimiento. “Es importante mantener este tipo de políticas públicas, como el PACE, principalmente porque vienen a fortalecer la educación pública (...) Tenemos estudiantes en nuestro liceo con un alto índice de vulnerabilidad social y, con este programa y este convenio, han podido desarrollar un proyecto de vida”, destaca el docente. 

Una política también valorada desde el Liceo Bicentenario José Francisco Vergara de Viña del Mar. Claudia Arévalo, directora del establecimiento, ha sido testigo del trabajo que el programa realiza con el estudiantado, los docentes y las familias a través de diferentes instancias orientadas al acompañamiento en la transición a la vida postsecundaria. 

“Todos los estudiantes de tercero y cuarto medio, del área científico humanista y del área técnico profesional tienen oportunidad de conocer, de visualizar un futuro que a lo mejor en otras circunstancias, en el que el acceso a la educación superior hubiese sido solo a través de una prueba de admisión, no hubiera sido posible”, asegura. 

De esta manera, a más de una década de su implementación, el programa ministerial ha consolidado un trabajo sostenido con las comunidades, permitiendo la matrícula de 31 mil estudiantes a nivel nacional, reconociendo sus talentos académicos y sus destacadas trayectorias en los establecimientos. Una experiencia que fortalece el vínculo entre educación, territorio y desarrollo, proyectando talentos al servicio del bien común.