Proyecto Farming Code PUCV acerca la programación competitiva a estudiantes de enseñanza media de Valparaíso

Por Fernanda Ibáñez

Acercar la programación competitiva a estudiantes de enseñanza media y entregarles herramientas para enfrentar desafíos tecnológicos es el propósito de Farming Code, proyecto impulsado por la Escuela de Ingeniería Informática de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso que, a través de nueve sesiones desarrolladas entre agosto y octubre, reunió a escolares de dos establecimientos educacionales de Valparaíso.

La iniciativa surgió a partir de la participación de la Universidad como sede de la competencia regional organizada por la OCI, instancia nacional encargada de estos certámenes. Según explicó la directora del proyecto, Claudia Vasconcellos, esta oportunidad motivó la creación de un espacio formativo que permitiera preparar a estudiantes para participar en este tipo de competencias.

“Nosotros dijimos que sí estábamos dispuestos a ser sede de la competencia regional, y entre medio de eso se nos ocurrió que, si vamos a hacerlo, también hay que buscar una forma de preparar gente. De ahí surge la idea de armar un taller enfocado principalmente en estudiantes de enseñanza media, para entregarles las habilidades básicas y que puedan participar en una competencia de programación”, señaló.

El taller comenzó con la participación de 27 estudiantes del Liceo Juana Ross de Edwards y del Colegio Santa Teresita de Lisieux, quienes tuvieron la oportunidad de familiarizarse con un lenguaje de programación poco habitual en las aulas escolares y desarrollar habilidades de análisis y resolución de problemas.

Para Vasconcellos, la experiencia también representa una oportunidad para fortalecer los vínculos entre la Universidad y los establecimientos educacionales de la región. “Es una instancia súper interesante que los profesores universitarios podamos volver a conectarnos con la enseñanza media. Los estudiantes nuestros vienen de ahí, así que es importante presentarles toda la gama de posibilidades que se pueden dar”, destacó.

El proyecto forma parte de una línea de trabajo más amplia que desarrolla la Escuela de Ingeniería Informática en torno a la programación competitiva, a través del grupo Pro PUCV, liderado por la estudiante Eva Ponce, que tuvo su primera participación en el Torneo Chileno de Programación (TCP), realizado el 3 de octubre en dependencias de la Universidad.

Uno de los aspectos destacados de la iniciativa fue la oportunidad de incentivar la participación femenina en el ámbito de la informática, disciplina en la que persisten brechas de género.

En este contexto, la profesora de Química del Liceo Juana Ross de Edwards, Claudia Fuentealba Sáez, quien acompañó a sus estudiantes durante el taller, valoró especialmente las nuevas perspectivas que esta experiencia abrió para las escolares.

“Es un programa potente, especialmente diseñado para alumnos de enseñanza media. Trajimos al menos a tres niñas de segundo y cuarto medio, y lo que se abre, sobre todo para las de segundo medio, es una visión de estar en la universidad y de darse cuenta de que tienen potencial para desarrollar esta área tan compleja. Están felices, han hecho un buen papel, y ojalá sigan con este trabajo”, expresó.

Desde la perspectiva de las participantes, Anahí Soto, estudiante del Liceo Juana Ross de Edwards, llegó al taller luego de participar en una hackatón de invierno, experiencia que despertó su interés por profundizar sus conocimientos en programación.

“Creo que me ha ayudado a comprender estos lenguajes que desde afuera parecen un tanto desconocidos. Yo no conocía mucho este mundo de la programación, y esto de las competencias me ha acercado a revisar los problemas de una manera más crítica, a analizarlos y comprender qué es lo que se busca como respuesta”, comentó.

La experiencia también constituyó una oportunidad de aprendizaje para los estudiantes universitarios que participaron como monitores. Eva Ponce, estudiante de Ingeniería Informática y ayudante del proyecto, destacó el desafío de enseñar programación a jóvenes que se aproximaban por primera vez a esta disciplina.

“El desafío aquí es encontrarnos con gente de 14 a 15 años que viene a conocer lo que es la programación. Es bonito ver cómo, a lo largo de las sesiones, empiezan a meterse de lleno y muchas veces nos piden más material o más ejercicios. Una de las cosas que más me ha servido es aprender a enseñar desde lo más básico, y eso también les abre a ellos muchas posibilidades de conocer la carrera”, sostuvo.

A través de esta primera versión, Farming Code contribuye a acercar el conocimiento universitario a las comunidades escolares, promover el interés por las disciplinas tecnológicas y generar espacios de aprendizaje compartido entre estudiantes de enseñanza media y de educación superior.